Comunicación en tiempos de pánico bursátil

Comunicación en tiempos de pánico bursátil

31 Mar 2020

Son tiempos difíciles para todos. La sociedad en su conjunto vive una situación sin precedentes de amenaza a su salud, restricciones a la libertad de movimientos y pérdidas económicas. Un shock en toda regla.

Los mercados financieros, como no podía ser de otra forma, han recogido este shock en los precios. Y de qué manera: los principales índices bursátiles del mundo han caído más de un 35% desde los niveles de febrero. La volatilidad es extrema y se han vivido sesiones de verdadero pánico, con caídas que en el Ibex 35 llegaron a ser hasta del 14%, la mayor caída en un día de toda la historia. Pero no es el único dato “histórico” que han registrado los mercados en las últimas semanas. También hemos presenciado la caída del 30% más rápida de la historia en algunos de los principales índices mundiales.

Las dificultades, por tanto, también se extienden a los inversores y ahorradores que han visto reducir sus patrimonios de forma significativa en apenas unas semanas. Las compañías dedicadas a la gestión de estos patrimonios se han visto todavía más afectadas, porque al efecto de la pérdida de valor de las inversiones se le ha unido una oleada de reembolsos del dinero de los partícipes. Inversores que han preferido huir de los problemas y la incertidumbre que asola a la economía global y a los mercados .

En este entorno, la comunicación con los inversores por parte de las gestoras se convierte en una tarea particularmente complicada. Salvo escasísimas excepciones, las rentabilidades de los vehículos en lo que llevamos de 2020 no son precisamente motivo de orgullo y satisfacción. Hablamos de caídas que pueden llegar al 40% en fondos de renta variable en este primer trimestre. Desde luego, ningún gestor va a sentir un gran deseo de comunicarse con sus partícipes para compartir tan malas noticias. Pero, además, estamos ante un entorno de mercado que requiere de la máxima atención, tiempo y análisis por parte de los gestores, lo que puede llevar a reducir al máximo el esfuerzo de comunicación, en casos de gestoras que carecen del tamaño suficiente para tener un equipo exclusivamente dedicado a ello.

¿Es este el mejor momento para darle la espalda a la comunicación con los clientes y los inversores en su conjunto? En lugar de responder directamente, vamos a hacer una serie de reflexiones que nos parecen importantes para entender mejor la situación.

En primer lugar, debemos recordar que la confianza es el pilar de la relación comercial que se establece en la industria de gestión de activos. Esta confianza debe trabajarse día a día, pero especialmente en periodos como éstos en los que las emociones de inquietud y malestar están a flor de piel. Suele decirse que un vínculo fuerte de confianza puede tardar en construirse muchos años de duro trabajo, pero destruirse en muy poco tiempo.

Es en estos momentos cuando los partícipes necesitan un mayor apoyo emocional, reforzar su confianza en los gestores, que siguen ahí trabajando al máximo nivel para mejorar las carteras de los clientes. Y también, que existe una alineación de intereses plena, es decir, que el dinero de los gestores está invertido junto al de los clientes y ambos participan de las caídas, siendo por tanto ellos los primeros interesados de que la cartera vaya bien.

Por todo ello, no parece éste el mejor entorno para dejar de lado la comunicación con los inversores, que pueden sentirse abandonados en el peor momento y tomar decisiones precipitadas que dificulten aún más la labor de los gestores de las carteras. Desafortunadamente, aunque tiene un punto de comprensible, es un hecho que en términos generales los mayores reembolsos se producen en fases de caídas del mercado. Y decimos “desafortunadamente” porque suelen ser estos descensos tan abruptos en las cotizaciones los que dan paso a unas rentabilidades esperadas más elevadas a largo plazo y, en consecuencia, mejores momentos de compra.

En este sentido, es pertinente hacer una reflexión final en torno a la importancia atemporal, truene o haga sol, de la comunicación para una empresa de gestión de activos. Es difícil expresarlo mejor de lo que lo hizo Morgan Housel en su excelente artículo “La destreza más olvidada en el éxito inversor”, refiriéndose precisamente a la comunicación y cuyas ideas trataremos en un futuro artículo.

Al igual que en el caso de los profesionales médicos, de poco sirve que los asesores o gestores de inversión tengan brillantes recomendaciones o ideas en la cartera si los pacientes o partícipes no les hacen caso y a la mínima dificultad tiran por la ventana los planes de largo plazo. Ahí es donde entra una parte importante del trabajo de quien invierte dinero de terceros, más allá de la pura gestión: acompañar a sus clientes en el viaje emocional que supone la inversión. Y eso implica estar con ellos en los buenos, pero, sobre todo, en los malos momentos.

Ángel Martín Oro (@a_martinoro)
Senior Consultant

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