Disney, la compañía de Mickey Mouse, ha dejado de ser cosa de niños y va camino de convertirse en el mayor fondo de derechos de distribución y propiedad de contenidos audiovisuales del mundo, desde cine a programas de televisión. Un movimiento que parece inteligente en un sector donde los productores se han visto amenazados por plataformas de distribución que canibalizaban la comercialización de sus propios contenidos. Hablamos de plataformas como Netflix o HBO, entre otras.

Pero Disney ha sabido moverse como un ratón en todo el actual embrollo de producción y distribución de contenidos audiovisuales. Su estrategia va más allá: integra intermediarios haciendo suya toda la cadena de valor y controlando de forma exclusiva todos sus contenidos, sin la presión en precios que imponen las grandes tecnológicas. La compra de FOX por la friolera de 52.400 millones de euros es un claro ejemplo de ello. La compañía ha descubierto sus cartas y ha provocado algún que otro escalofrío entre los directivos de las plataformas de streaming. Con esta adquisición se mete en el bolsillo varios canales de pago, una plataforma digital de contenidos y un valor incalculable en derechos de propiedad sobre películas, series o programas de televisión(deportes incluidos). HBO hizo algo parecido apoyado en el éxito de su serie estrella: Juego de Tronos.

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