El mundo vive una enorme transformación en lo que a consumo se refiere. Un buen ejemplo pueden ser los alimentos, ahora divididos en dos categorías: las marcas blancas y, sencillamente, las marcas. Las primeras apuestan por una estrategia basada en el precio y las segundas por la calidad o la diferenciación (o así es en la versión teórica), siendo el consumidor el que elige en función de sus preferencias y sus limitaciones presupuestarias.

El sector del automóvil, el del transporte, el de la hostelería e incluso el de la información. Todos los sectores han mutado como consecuencia de la entrada de nuevos jugadores, la mayoría con base tecnológica, que ofrecen precios muy inferiores a los tradicionales para competir en un mercado global, cada día más digital.

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